Cinco momentos imprescindibles en la Semana Santa de Segovia

Del Vía Crucis en una huerta, uno de los actos más entrañables de la Semana de Pasión, al recogimiento del Cristo de los Gascones con el Acueducto como testigo

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Cinco momentos imprescindibles en la Semana Santa de Segovia
Imagen del cartel de la Semana Santa de Segovia.
Isabel  Rodríguez
Isabel Rodríguez
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La Semana Santa de Segovia, de Interés Turístico Nacional, se despliega con fervor y solemnidad durante unos días en que fieles y curiosos se sumergen en celebraciones y procesiones de marcado espíritu religioso y cultural, y que también permiten ver los principales monumentos de la ciudad con otra luz.

Estos son los cinco momentos imprescindibles de la Semana Santa de Segovia, relata EFE. 

1. Un Via Crucis en una huerta

Durante la tarde del Miércoles Santo, una hora después de la puesta de sol, en la huerta del convento de los Carmelitas Descalzos, se celebra uno de los actos más entrañables y con más calado de la Semana Santa segoviana: el Via Crucis que organiza la Junta de Cofradías, Hermandades y Feligresías de la Semana Santa.

Durante este encuentro, de clara referencia a la presencia de san Juan de la Cruz en Segovia, los asistentes se reúnen en un recorrido espiritual guiados por el Cristo de la Buena Muerte (anónimo, siglo XVII). Al finalizar el acto, resuenan los tambores en el acto denominado Silencio Del Tambor, organizado por la Cofradía del Santo Cristo de San Marcos junto a las demás bandas de la ciudad.

2. El Acueducto como silencioso testigo

Los Via Crucis penitenciales no faltan en la ciudad ni en la jornada del Miércoles Santo ni en la de Jueves Santo, con el silencio y el recogimiento como nota principal. El más antiguo de ellos es el del Cristo de los Gascones, organizado por la Real Cofradía de la Santa y Venerable Esclavitud, fundada en 1647.

Arraigado en la tradición desde el siglo XVII, el Via Crucis recorre las calles del barrio, acariciando la zona más alta del Acueducto hasta llegar a su zona más baja en un silencio solamente roto por el sonido del tambor y la corneta, con los gascones escoltando a su Santo Cristo (siglos XI-XII).

3. La centenaria Procesión de los Pasos

Durante la tarde del Viernes Santo, las calles más céntricas de Segovia cobran vida con la Procesión de los Pasos, una tradición que comenzó en 1907 gracias al impulso del entonces obispo de Segovia, Julián Miranda Bistuer.

Durante la jornada del Jueves Santo hasta terminada la mañana del Viernes Santo, las diversas cofradías parten de sus respectivas iglesias para llevar a sus imágenes hasta la catedral, donde permanecen durante varias horas a la vista del público escoltadas por los miembros de sus respectivas cofradías.

Ya entrada la noche, todos los cofrades salen en procesión acompañando a las representaciones de los pasos más emblemáticos hacia la plaza de la Artillería, junto al Acueducto, en un recorrido que tiene como mudos espectadores a los miles de segovianos y turistas que tienen la oportunidad de admirar las centenarias tallas.

4. Las antorchas de la Orden de Malta

Esa misma noche del Viernes Santo, fuera de las murallas la ciudad se sumerge en el misterio de la Procesión del Santo Entierro, una de las más sobrecogedoras y menos conocidas de Segovia. Conducida por los caballeros de la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, conocida como la Orden de Malta, esta procesión recrea el último trayecto del Cristo muerto hacia su sepulcro.

Es una procesión llena de misterio por lo inhóspito del lugar, ya que al ser extramuros apenas hay iluminación, lo que aporta un carácter más mágico. Destaca por sus reminiscencias medievales, ya que los caballeros hacen el recorrido en silencio, ataviados con la indumentaria tradicional y portando antorchas, desde la iglesia parroquial del segoviano barrio de Zamarramala hasta la iglesia de la Vera Cruz, un templo de planta dodecagonal fundado en 1208.

5. Riaza, a la luz de las velas

Mientras tanto, en la localidad de Riaza situada a 75 kilómetros de la capital de Segovia, la Procesión del Silencio atraviesa las calles de la villa prácticamente en penumbra. Sólo la luz de las velas y las antorchas acompaña a las imágenes de San Juan Evangelista, el Dulce Nombre de Jesús, el Cristo Yacente y Nuestra Señora de la Soledad. En la Plaza Mayor, esta última es recibida por una multitud, y por la Salve que se le canta desde el balcón de la Casa Consistorial.

Ya el Domingo de Resurrección, Riaza se llena con las voces de la cillantas en su Canto de las Albricias con el que culmina la Procesión del Encuentro en la Plaza Mayor. Nueve niñas vestidas con traje típico de la localidad y cada una de ellas con una vela adornada con un lazo cantan los versos de Las Albricias para que, cuando lleguen al pasaje que alude a quitar el manto a la Virgen, la imagen sea despojada del manto negro que la cubre. 

FUENTE: EFE

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